Del mocho a la blackberry #elecciones


Hoy hablaba con una amiga al respecto de las elecciones municipales. Esta amiga tiene una empresa de ingeniería y muchos de los túneles, puentes o pasarelas que hay en España son obra suya. Vamos que lleva bregando con cargos públicos desde tiempo inmemorial. Comentabamos el bajo nivel de nuestros representantes politicos, sobre todo en corporaciones locales. Ella se declara tecnócrata y tiene decidido no votar mientras la mediocridad se siga imponiendo en las listas electorales, mientras la preparación de aquellos que ejercen responsabilidades sea la que es.

Tras esta conversación iba en la moto reflexionando sobre esto y he llegado a la conclusión de que tiene razón, toda la razón. Mi trabajo como proveedor de las AAPP me ha permitido constatar el hecho de que hay mucha gente que cuando entra en el Gobierno de un Ayuntamiento deja el mocho en la puerta para coger la blackberry. Esta frase que a alguno seguro que no le parece politicamente correcta (me da lo mismo, sinceramente) es una verdad como un templo. En España, en muchas ocasiones para ser concejal basta haber estado pegando más carteles que nadie y haber hecho la pelota al cabeza de cartel más veces que nadie. Quitando a los destinados a los puestos más técnicos, y no siempre, se valora más lo anterior que la capacitación profesional del candidato. En los partidos no se dan cuenta de que un Ayuntamiento en el fondo es como una empresa, con unos presupuestos, con unos clientes y con unos productos y servicios que ofrecer a los clientes. Si en una empresa nadie le daría un puesto del Comité de Dirección a una persona de la limpieza, por qué en las Administraciones locales si?. Se me ocurren dos razones, porque o es el que mejor pega los carteles o es que el cabeza de lista es igual de mediocre y así se nota menos. Lo dicho, del mocho a la blackberry e incluso al iphone.

360 km para un voto

Mi historia de lo que va de día es calcada a la del anuncio de la campaña del PSOE. Me he hecho 360 km para que mi madre vote. Mi madre vive a 90 km de mi y como todas las elecciones me he ido a buscarla. Primer viaje 180 km, llegamos a casa y de pronto surge la frase lapidaria “Nacho, ¿Dónde has puesto el bolso?”. Efectivamente ella había venido, pero no su bolso. De nuevo he cogido el coche y a buscar el bolso. Segundo viaje 180 km. Por fin el puto bolso, el DNI y mi madre han entrado en el colegio electoral y han votado.  360 km que han merecido la pena.